Viajar cuando se es celíaco puede llegar a ser una verdadera pesadilla a la hora de comer fuera de
casa. Para quién no padece la enfermedad puede parecer fácil, solo hay que
mirar la carta y pedir algo que no tenga gluten. Pero, ¿y la contaminación
cruzada? El simple hecho de que se
cocine algo en una plancha que ha estado en contacto con gluten ya lo convierte
en un plato peligroso para un celíaco.
Ahora que ha aumentado el número de casos de intolerancia al gluten en adultos es cada vez más fácil encontrar restaurantes con menús para
celíacos que conocen a fondo la problemática y que realmente, se preocupan por
la contaminación cruzada. Aun así,
todo dependerá del lugar de destino y de la suerte que se tenga.
Para asegurarse de que todo va bien, la única solución
infalible pasa por que el celíaco se aloje en aparta-hoteles o apartamentos con
cocina para poder cocinar sus propios platos y tener así la seguridad de que
comerá tan solo cosas aptas. O, antes de realizar la reserva en el hotel,
asegurarse de que tienen menús para celíacos garantizados.
Los intolerantes a la lactosa lo tienen un poco más fácil
Las personas con intolerancia a la lactosa lo tienen un poco
más fácil porque en su caso existen las pastillas de lactasa. Se trata de
cápsulas que contienen la enzima de la lactasa, que es la que falta en su
intestino para que puedan digerir la lactosa de la leche.
Gracias a esas pastillas, pueden tomar cualquier comida sin preocuparse de contaminación cruzada
o de si los platos llevan algo de leche en su composición. Aun así, no deben de
abusar de los lácteos a riego de acabar sufriendo hinchazones o diarreas.
Prevenir es mejor que lamentar
Prevenir es, sin duda alguna, mejor que lamentar y por eso,
antes de viajar y durante el viaje, es muy buena idea que las personas con
intolerancia tomen algún complemento alimenticio con probióticos y prebióticos
que fortalezcan su flora intestinal.
De esta manera, irán con su intestino fuerte y en forma y si
toman por error algo que no deben, las consecuencias siempre serán más suaves.
Además, llevarán mejor los cambios de comidas y de horarios, consiguiendo
digestiones mucho más suaves y evitando, en la medida de lo posible, las
típicas diarreas o estreñimientos de cuando se viaja.

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